La amplitud de Salamanca acoge meseta y llanura, pero también la cercanía de nuestros bosques de sierra, donde el verde de las hojas ha ido dando paso ya a los tonos ocres, espectáculo para la vista y testigo de que el frío ya ha llegado para quedarse, otro año más, unos meses. Es tiempo de castañas, de arrimarse a la lumbre y de rodearse de calor humano mientras buscamos el toque alegre de la vida, al amparo del folclore y las buenas tradiciones. Así lo celebramos en Senior Mozárbez.
En esta casa que es Senior Mozárbez vivimos constantemente aprendiendo. Por necesidad y por vocación. Para eso, no nos cabe duda, tenemos a los mejores maestros, personas maravillosas que todos los días nos dan lecciones de vida, que nunca nos cansaremos de aprender. Son auténticos expertos en saber que el tiempo es un ciclo constante, una rueda que no espera a nadie y que no se detiene. Ellos, nuestros maestros, conocen como nadie los signos que anticipan cada nueva estación, y como con frecuencia sufren también los rigores y los inconvenientes, saben, también como nadie, cuándo se avecina ese periodo del año en que las horas de luz van menguando, a la par que menguan también las temperaturas invitando a buscar abrigo. No necesitan calendario para saber eso. Como muchos recuerdan, y así nos lo dicen cuando repasan hojas tempranas de su libro de vida, es tiempo de reunirse en torno a la lumbre -nos cuentan, mientras hacen ese gesto inconfundible de arrimar las palmas de las manos a las llamas-, a esa distancia prudencial que proporciona calor mientras se charla animadamente con el vecino, con el amigo, con la familia.

En Salamanca, tierra de sabiduría a tantos niveles, la versión más popular de la escuela de la vida nos enseña, año tras año, que aún perdura con mucho arraigo la figura de los castañeros, instalados por las calles céntricas de la ciudad, que aromatizan con ese inconfundible y evocador olor, mezcla de humo, leña quemada y castañas en su punto de asado. En la capital, estos puestos nos recuerdan que vivimos en un entorno muy permeable, aún, al mundo rural, a pesar de los cambios acelerados que la despoblación y la evolución imponen en nuestra vida y costumbres. Así, en tantos pueblos de nuestra provincia -en especial en aquellos de las zonas de sierra, donde los castaños cumplen aún la doble función natural y de arraigo a las tradiciones-, por estas fechas era, y sigue siendo costumbre, reunirse junto al fuego al olor de las castañas, buscando calor físico y humano.




En esa parte lúdica y festiva que tienen estas y casi todas las tradiciones, el componente musical es algo verdaderamente indispensable. Aplicado esto a nuestra tierra, a nuestra gente, a nuestra esencia ancestral, se puede decir que el subconsciente colectivo salmantino viene con banda sonora incorporada, y es conocido por todos que cada celebración suena a gaita y tamboril. También a cualquier otra música que nos alegra el rato de convivencia, por supuesto, pero en este caso la tradición de siglos nos induce a evocar esos sonidos que nos amarran a nuestras raíces.
El pasado miércoles, todo eso se dio cita en nuestros salones, para tratar de aunar sabiduría, costumbres, fiesta, alegría, convivencia y un ambiente lúdico y popular con el que sacar una sonrisa a nuestros maestros de la vida. Preparamos, como todos los años, las indispensables castañas, nos calentamos las manos y el ánimo al calor de la lumbre, y disfrutamos de una tarde animada gracias a la desinteresada colaboración de una institución en nuestra tierra, referente del folclore salmantino y embajador de nuestras tradiciones allá por donde va, como es Ángel Rufino de Haro, el Mariquelo, y un grupo de gaiteros y tamborileros que, junto a él, hicieron las delicias de nuestros residentes.
Desde Senior Mozárbez, hemos de admitir que no tenemos palabras suficientes para agradecer a Ángel, y a todo el maravilloso grupo que de su mano llegó, el rato que hicieron pasar a todos, residentes y familiares, de manera tan generosa como amable. Sabemos que la amistad que le une con uno de nuestros usuarios ha servido de pretexto para esta colaboración, pero ver las caras de felicidad de todos, verdaderamente, no tiene precio. Sirva este reportaje como muestra de nuestra gratitud a todos ellos.
Con este aporte de calor humano, podemos decir que estamos un poquito mejor preparados para recibir los rigores del invierno, que ya llega con ganas. No en vano, estas celebraciones ligadas a las castañas, el fuego y la convivencia, tan comunes en Galicia, Asturias, y también en nuestra zona, son el anticipo y constatación del cambio de estación. Dejamos atrás definitivamente el verano, y nos preparamos para esta otra parte del año, marcada por el frío y la luz menguante. Hemos sacado del armario los abrigos, colocado las mantas en la cama, y la calefacción funciona ya a pleno rendimiento. Pronto empezarán las matanzas, hoy cada vez menos frecuentes en el ámbito familiar, y a no tardar mucho, la Navidad, el cambio de año… El tiempo, que no espera a nadie, juez y testigo de nuestro día a día. Es nuestra responsabilidad emplearlo bien y aprender, siempre aprender. Esperamos que este día haya sido del agrado de todos, y como Senior Mozárbez no se detiene, ¡nos vemos en la próxima celebración!

